Esa Noche
Canción: Esa Noche de Café Tacvba
Salió de su casa y montó su bicicleta, Sofía aceptó salir con él. Pasó como desesperado a través de la calle por la que caminó tomado de la mano de su viejo amor un par de días atrás, siguió hasta dar la vuelta en la esquina donde después de dos meses de conocerla, se atrevió a besarla; siguió sin tener conciencia de por donde iba, era tarde, el horizonte naranja estaba rasgado por delgadas nubes mientras el sol se despedía detrás de un cerro.
Iba como en automático, pasó sin notar a Alfredo que lo saludaba desde la mesa de un cafecito, ni a los tres automóviles que casi lo arrollaron. La luna comenzaba a ocupar el lugar del sol en el cielo cuando llegó al parque. Se sentó en la tercera banca de izquierda a derecha después de la estatua broncínea de un león reposando, colocó su bicicleta detrás de una banca y esperó.
Hasta entonces cayó en cuenta del tiempo y la distancia que había recorrido, y también hasta entonces comenzó a sentir cansancio.
Entre las copas de los árboles se filtraba la luna, que aquella noche se mostraba totalmente redonda y adornada por un poderoso halo de luz que haría brillar a las nubes.
Dio un profundo suspiro, recordó melancólico a su viejo amor y se sorprendió de la facilidad con la que se había conseguido uno nuevo. Pensaba en ello cuando lo distrajeron los cortos pasos de Sofía caminando hacía él, “se ve linda” pensó. Al verla acercarse le sonrió, y ella, como apenada, como coqueta, le devolvió la sonrisa. “Se ve MUY linda” dijo para sí antes de ponerse de pie para saludarla.
La noche pasó más rápido de lo que hubiese querido, pero lo disfrutó todo, incluso el haber olvidado su bicicleta detrás de una banca. Todo fue grandioso, el paseo, la plática, el café, la horrible canción que se oía en el local y que sin embargo se volvería bella en sus recuerdos de ahora en adelante, irla a dejar como todo un caballero, verla despedirse desde la ventana y la larga caminata de regreso al hogar.
Esa noche, cuando regresó a casa, entró cerrando la puerta tras él. Se dejó caer sobre su pequeño sillón. Lo rodeó el silencio y su antiguo amor lo abrazó tiernamente deseosa de atención, acarició su pelo, besó sus manos, y cuando quiso besar su boca fue despreciada. Había rechazado a aquella que le sería siempre fiel y que aguardaría su regreso para siempre (porque todos regresan a ella). Había rechazado a la soledad.
Él la empujó a un lado y mientras ella sollozaba en el suelo… él marcó a casa de Sofía.
“Tu regreso había esperado, más te veía muy feliz,
en los brazos de tu amada te olvidaste tú de mí
más ahora que regresas, a mis brazos vuelve ya
seré por siempre tu amante, tu novia la soledad…”


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